El Blog de Gerard Garcia-Gassull


¿Es necesario ser socio para aplicar la famosa bonificación fiscal del 95%?

La sucesión de una empresa familiar puede ser un proceso complejo y que sin lugar a dudas está lleno de entresijos que en este artículo trataremos de resolver.

Ser una familia empresaria significa mucho más que poseer una sociedad, por ello es indispensable que las familias dispongan de un plan de futuro sucesorio; evitando así cometer errores por desconocimiento o confusión. 


| Tal y como destaca en el informe realizado por el Instituto de la Empresa Familiar “La Empresa Familiar en España (2015)” el 88,8% de las empresas españolas son familiares y en Cataluña, en particular, el porcentaje alcanza el 85,6% |


Se trata de un tema que afecta a todas aquellas familias empresarias. Tras veinte años de experiencia, puedo afirmar que la mayoría de los conflictos surgen por falta de planificación. Todos debemos plasmar una estrategia que planifique el relevo generacional o bien, la sucesión. 

| No es necesario ser socio de la empresa familiar para que pueda aplicarse la bonificación fiscal del 95% |  


Como caso típico, destaca la trasmisión de la empresa familiar a la viuda y a los respectivos hijos. Dado que existe lazo familiar, será dónde puedan aplicarse los beneficios fiscales estipulados por Ley. Pero la confusión más común es pensar que además de familiar tienes que ser socio de la compañía para aplicar la bonificación. Pero no es el caso.

Basta con ser Directivo y familiar. En este supuesto podrá aplicarse una bonificación del 95% en la base imponible del Impuesto de Sucesiones. Así, el familiar que hereda la empresa no tiene porqué ser titular de participaciones de capital de la misma para poder ver aplicada la bonificación mencionada. 

Coexisten cuestiones financieras y fiscales que deben cohesionarse para ultimar en una planificación coherente y ecuánime, en la cual acompaño a las familias para evitar en todo caso aquellos conflictos que surgen habitualmente por causa de una mala comunicación.  


Vuelve a recuperarse la discusión sobre la amnistía fiscal que aprobó el Gobierno de España en el año 2012

Les críticas se refieren a si se recaudó menos de la mitad de lo esperado, si se dieron demasiadas facilidades a los contribuyentes que la realizaron y si gracias a la amnistía su situación fiscal ha mejorado.

Nada más lejos de la realidad, la amnistía fiscal fue la más eficiente operación de distracción de los contribuyentes españoles, frente a un clamoroso agujero legal que venía perdurando desde hace años en la Ley General Tributaria. 

Resulta que desde hace unos años los contribuyentes estaban regularizando mediante complementarias los últimos cuatro años de los saldos acumulados por ellos o por sus padres en el exterior, sin necesidad de preocuparse de otra cosa que de pagar los impuestos por rendimientos netos del periodo abierto a inspección.

De este modo todos los saldos con antigüedad superior a 4 años se convertían en saldos legales sin necesidad de pagar un céntimo por ellos. Y la Administración Tributaria no solo lo sabía. Era tan claro que lo sabía, que el número de regularizaciones voluntarias por grandes patrimonios iba en aumento y había que encontrar una forma de obtener algún ingreso por ello. 

La amnistía fiscal fue el instrumento para distraer la atención de los contribuyentes y enfocarlos a un pago, aunque fuera misérrimo, por aquellos impuestos que habían dejado de pagar. Y digo misérrimo porque el periodo de regularización en el año 2012 coincidía con la mayor crisis financiera mundial conocida hasta la época. 

De este modo cualquier contribuyente con patrimonios financieros en el exterior tenía créditos fiscales a compensar con futuros rendimientos positivos obtenidos en el citado periodo de prescripción. Es más, los contribuyentes habían soportado retenciones del 35 por ciento por lo que se conoce como tasa Ecofin. 

En aquellos casos en que los asesores nos entretuvimos en calcular que le salía más a cuenta al contribuyente si acogerse a la amnistía o presentar complementarias por los últimos 4 años los resultados no dejaron lugar a dudas:

| Las complementarias aun cuando abrieran el periodo de prescripción eran muchísimo mas interesantes y daban un resultado más positivo que la utilización de la amnistía |

Entonces, ¿Por qué tanto escándalo? 

En mi opinión pueden haber varias razones. La primera, Hacienda no desea que se extiende la idea de que todas sus grandes operaciones de marketing son un engaño o que tienen gato encerrado. La segunda, es porque la amnistía fiscal vino acompañada de las medidas especiales de la lucha contra el fraude fiscal y, en concreto, por los quebraderos de cabeza que nos está dando el formulario 720. 

Este formulario y su régimen sancionador tan extraordinariamente gravoso han sido cuestionados por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y probablemente de lugar a una sentencia que de un modo u otro condene al estado español a reducir ese nivel tan gravoso de sanciones. 

Si el Estado nos dijera ahora que la amnistía no fue nada más que un engaño para recaudar 1500 millones de euros, ya que de otra forma no se hubiera recabado ni un solo céntimo, estaría perjudicando su imagen ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en la defensa del régimen sancionador actual.

Por tanto, parece ser que más vale callar y esperar la sentencia.